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sábado, 26 de septiembre de 2015

La Verguenza de ser Pasivo



Un articulo de http://sanqueerpotosi.blogspot.mx/


Hace unos días veía junto a un trío de amigos la serie de Netflix “Club de Cuervos”, estábamos en el capítulo donde el macho argentino Joaquín Ferreira tenía un encuentro sexual con una chica. Pero su miembro de “potro” no se levantaba y él le sugería a la chica que le metiera el “dedito” para levantar a la bestia. La clara alusión de estimulación anal provocó una serie de risas entre mis amigos, por el simple hecho de que un personaje heterosexual pudiera sentir placer a través del ano. Se hicieron una serie de comentarios torpes, hasta que mi amigo buga nos cuestionó la razón de las burlas, si como homosexuales que éramos obteníamos placer a través del culo. “Es una de las vías, pero no la única”, aclaró otro amigo, el inter. Luego, el buga reveló que fantaseaba con que su novia lo masturbara introduciéndole el dedo en el culo, y como era de esperarse no lo bajaron de “bottom shame” u homosexual reprimido. Al final, él nos aclaró que ésta era una fantasía solamente, pero que le indignaba la forma con que podíamos llegar a denigrar a alguien por el simple hecho de encontrar placer en otro más de sus genitales.

Y es cierto, él tiene razón. La misma anécdota me recuerda a las fotos de Michael Hoffman en las que sale mostrando el culo, acariciándolo con el dedo y abriéndose las nalgas ante la cámara para lucir esa parte tan privada que todo heterosexual prefiere ignorar. Michael ha dejado en claro su orientación sexual, pero esto no ha dejado de ser motivo para que diversos medios de noticias para homosexuales ponga en duda su heterosexualidad. La misma situación pasa gente como mi amigo el buga que alguna vez se atreven a revelar su gusto por esta clase de placer prohibido. Si los hombres, sin importar su orientación, pudieran hablar sin vergüenza sobre las veces que se tocan el ano, tendríamos miles de historias eróticas por contar. Pero preferimos callarlo.

En el top de las mentiras más repetidas por los chicos gays suelen repetirse dos: “soy activo/soy inter” cuando se es pasivo, y “soy bisexual” cuando se es homo. Ambas tienen una correspondencia de rechazo hacia conductas consideradas socialmente denigrantes: ser pasivo y ser homosexual como sinónimos de inferioridad y de afeminamiento.

Escudar nuestra orientación con la bisexualidad se debe al pensamiento de “me gustan los hombres, pero también las mujeres” y por lo tanto mi orientación es casi natural y merezco mayor respeto que un gay común y corriente. La mayoría de las veces esta conducta es una etapa, con el tiempo y las experiencias de vida nos desmentimos y aceptamos nuestra condición sexual, dejando el prejuicio atrás. Nos dejamos de obsesionar con pretender ser “naturales”, porque la aceptación no se gana a través de una mentira, muchas veces imposible de sostener.

Lo que me parece irracional es el menosprecio hacia el papel receptivo/pasivo en la sexualidad gay. Conozco a muchos chicos que parecen entender este rol como una conducta relacionada con la feminidad, la debilidad y la castración. Parece que ser penetrado por el culo merece todo tipo de burlas, pero ser activo es motivo de orgullo porque lo relacionamos con hombría y poder, ya que a final de cuentas, aunque el gay tenga gusto por hombres, sigue desempeñándose en la cama como el semental que penetra y está siempre encima.

Más allá de mentir sobre nuestro rol sexual, buscamos esconderlo ante la sociedad. Claro, entiendo que esto pertenece a la intimidad y no tenemos que gritarlo a los cuatro vientos. Sin embargo, exteriorizar nuestro rol cuando somos hombres pasivos sigue siendo un tema que despierta el sentimiento de vergüenza y motiva a la burla y al desprecio. Ser “pasiva” es lo mismo que ser puta, y ser puta por supuesto significa una condena social que criticamos a diestra y siniestra, utilizando el sustantivo y el adjetivo de forma peyorativa, convirtiendo la pasividad del hombre gay en una condicionante, en un motivo de devaluación personal.

Irracional, repito, es pretender enjuiciar una preferencia de gozo sexual, dado a que a través de ella se obtiene un placer equivalente: tanto goza el que es penetrado, como quien penetra. Un hombre homosexual siente atracción por otro de su sexo, un hombre homosexual activo busca satisfacer su deseo sexual utilizando los medios que le favorece la naturaleza para llevar a cabo el coito gay: la boca y el ano. En resultado, si el pasivo debe avergonzarse por sentir placer a través del conducto hecho para excretar, el hombre activo también debería sentirse avergonzado por encontrar placer penetrando a un hombre por ese medio. Sin embargo, somos machistas y preferimos omitir el detalle y encasillar el coito en el objetivo de llegar al orgasmo, omitiendo la forma más común en el sexo gay para alcanzarlo.

Esto, cuando se trata de hablarlo, de expresarlo ante desconocidos y curiosos. Porque en la cama somos quienes realmente somos, quienes gozamos a través y por el culo. Punto.

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