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miércoles, 13 de mayo de 2015

Que sucede en tu cuerpo cuando te enamoras

Hay tres neurotransmisores asociados a la atracción hacia otra persona: la dopamina, la adrenalina y la serotonina. La dopamina nos hace sentir bien, por eso las personas enamoradas sonríen más de lo normal, algo que aumenta su atractivo. Lo curioso es que esa sensación de bienestar que nos produce la dopamina cuando nos enamoramos se parece a la sensación de un chute de cocaína: uno siente que derrocha energía y al mismo tiempo necesita dormir y comer menos.
La adrenalina, asociada por ejemplo al estrés, se segrega también cuando sentimos atracción hacia otra persona. Por eso nos sudan las manos y parece que el corazón va a saltarnos del pecho. En cambio, los niveles de serotonina se reducen cuando nos enamoramos, y por eso los nervios nos impiden hablar, pensar en otra cosa o incluso dormir por la noche. Esta reducción de serotonina también es frecuente en pacientes con trastorno obsesivo compulsivo, por eso algunos se preguntan si no será que estamos obsesionados en lugar de enamorados.
Pero después la relación avanza y el amor evoluciona. No resistiríamos mucho tiempo con los niveles de alerta y estrés que supone el flechazo inicial, y por eso las emociones tienden a calmarse. La atracción no desaparece, pero la lluvia incontrolada de hormonas y emociones ha llegado a su fin. Es el momento en que vemos con más objetividad al otro, lo que nos gusta y lo que no. Entonces podemos ver claramente si la relación puede prosperar o ya empieza a acercarse su fecha de caducidad.
Hay personas que, cuando se termina ese impulso inicial, esa sensación intensa, independientemente de si conectan o no con la otra persona, creen que falla algo porque ya no sienten lo mismo, porque las emociones fuertes han desaparecido, así que rompen y buscan a alguien nuevo para volver a subirse a la montaña rusa emocional. Quieren repetir la experiencia para poder volver a sentir constantemente esa sensación tan fuerte, volver a sentir fuegos artificiales…  Se vuelven expertos o incluso adictos a las relaciones cortas: esa tensión previa a las citas, los cosquilleos en el estómago, el sexo siempre nuevo y los largos cafés con el amigo de turno para contarle la última aventura.
A veces confundimos el enamoramiento con el amor, y nos perdemos la oportunidad de descubrir otras sensaciones y emociones. Hay un amor incondicional, personal e intransferible que solo conocen los que se dan la oportunidad de ir más allá de la euforia inicial del enamoramiento. El amor podemos vivirlo con un amigo, hacia una causa que seguimos, incluso por la música o alguna pasión que tenemos, pero también se construye con una pareja, si se supera la fase inicial del enamoramiento. Esa clase de amor, como las mejores amistades, hace que uno se sienta menos solo y más valorado por quien es. Aunque la mar se calme, no pierde su oleaje, porque el amor de pareja también tiene momentos intensos y sentidos, pero los combina con otros muchos sentimientos y experiencias que no tienen nada que envidiar a una emoción pasajera como el enamoramiento.
Autor: Beatriz Ariza

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