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sábado, 20 de diciembre de 2014

EYACULADORES PRECOCES ANÓNIMOS. ¡SAL DE AHÍ!



Aunque mucho se bromea entre cuates sobre durar poco en la cama y nunca falta quien termina tildado de ‘el one-minute’, la eyaculación precoz es un asunto que ya es momento de hablar con seriedad. Por encima de todo, porque es demasiado común. Aquí no hay grupos por edad ni está sujeto (como malamente se cree) a la cantidad de amantes que se han tenido, a la ‘práctica’. Es una disfunción callada, que avergüenza y que se cree vivir a solas (porque claro, el ‘gran aparato’ educativo de las porno muestra hombres que pueden copular 40 minutos sin edición). Y no se cuente de esas interminables tertulias con cerveza donde el resto de los amigos cuenta no eyacular hasta pasados 20 minutos, de menos. Claro, aquel que ha notado que no llega ni a dos, se quedará callado. Quizás con él su pareja. Y es que ella es también parte de este angustiante rompecabezas, porque nosotras igualmente estamos llenas de mitos. Como aquel que nos contaban en la secu: ‘Si un hombre termina muy rápido es porque lo excitas demasiado, mana. Porque lo tienes botando por ti’. Y claro, ella un día se cansa de ‘excitarlo tanto’ porque es evidente que en dichos coitos se queda muy pero muy lejos de llegar a sentirse plena. Aunque ya hemos discutido que el orgasmo femenino proviene en mayor medida de la estimulación clitorial, ninguna negará que ser penetrada por un lapso adecuado (léase ‘adecuado’, de acuerdo a los estándares de cada una) es cosa deliciosa. Y es donde certificamos que el sexo no es sólo cuestión de orgasmos; no se traduce a ‘la cuenta’.
Si nos habituáramos a hablar con naturalidad de la EP dada su incidencia e implicaciones y aprendiéramos a verla no como un actor en detrimento de la virilidad sino como un trastorno que puede tratarse médicamente, entonces habría más historias exitosas de cama con todo el impacto social que conllevarían.
Se ha mal informado por décadas haciéndole creer a los hombres con EP que su causa es meramente psicológica y que por ende sólo la arreglarán si se adentran al intrincado mundo de su cerebro. Y no, para ellos la eyaculación no puede controlarse, es un reflejo como un estornudo. Saben que está por llegar pero no pueden detenerlo. Eso ocurre porque, al igual que un estornudo, la eyaculación es un acto reflejo controlado por el cerebro y el sistema nervioso. Ya hemos comentado sobre los malos hábitos masturbatorios como coadyuvantes a promover esa falta de control, no obstante hay quienes por mucho que reeduquen su impulso eyaculatorio -a través de modificar sus prácticas al auto erotizarse- no pueden simplemente mejorar sus tiempos. Recientes estudios han asociado problemas físicos relacionados con las señales de serotonina del cerebro que controlan la eyaculación y otros han propuesto que existen variaciones de un gen que controla las señales de serotonina. Lo cierto es que en esa búsqueda ya se creó el medicamento que puede ayudar y que comienza a ser parte de la ‘canasta básica sexual’ como ahora lo es la ‘pastilla azul’ para la DE. Realmente así como ésta cambió amplias perspectivas. Hay debates entre Cronadyn y Priligy, algunos especialistas optan por uno u otro, hay que ver si es más conveniente para ustedes el uso crónico como en el caso de Cronadyn o cuando lo necesitan como en el caso de Priligy y cuáles de sus efectos secundarios pueden afectarles por rasgos personales. Hay que consultarlo. No salir e ir a comprarlos como si fueran al oxxo por un Red Bull. Lo cual por cierto, puede ser además peligroso porque son medicamentos que se venden sólo con receta médica. Si por Internet o presencialmente alguien se los ofrece sin prescripción lo más probable es que les estén dando comprimidos pirata con sustancias bastante tóxicas y -sobre todo- que no trabajarán sobre los receptores, o sea no servirán de nada.
Pero, claro dirán ‘¿Cómo sé si soy eyaculador precoz? Obvio, la respuesta básica no está en los tiempos, sino en si pueden o no controlar el momento en que van a eyacular. Es tiempo y control. En algunos casos, si llegan a ésta cuando apenas son estimulados, o bien, cuando la penetración apenas comenzó. Y por supuesto, el dolor emocional que surge, el ‘Chin, otra vez terminé antes de tiempo y seguro habrá discusión’; o cuando sienten el impulso inminente, empiezan a angustiarse ‘No, no por favor… aquí viene… ya valió’. Y ni siquiera pueden disfrutar de ese maravilloso instante llamado orgasmo, porque la sensación placentera se mezcla con culpa y vergüenza. Y, ¿dónde demonios queda la plenitud sexual?
Hay que acudir al urólogo, o pedir la receta con el ginecólogo de su chava, los medicamentos para EP requieren de dosis personalizadas. Hay que hablarlo y detectarla. Hay EP primaria o adquirida (apenas comenzó o les ha sucedido siempre), busquen ayuda, confíen en el proceso médico, en el medicamento y en abrir la perspectiva a verlo como cualquier padecimiento, que tiene una solución con un especialista.
La EP es disfunción masculina más común. La puede sufrir un hombre de cualquier edad, desde los 15 o 16 años cuando inicia su vida sexual. Erróneamente se cree que con la ‘práctica’, teniendo sexo, harto sexo, se le irá quitando y créanme, esto sucede en muy pocos porcentajes. Se trata de un problema del sistema nervioso central, no está en los genitales y en pocos grados es cuestión psicológica.
Un hombre que sufre EP tiene una respuesta sexual normal, es decir se excita, llega a una meseta pero no puede impedir que surja la resolución. Su meseta, es decir el momento maravilloso en que llegamos al mayor punto de excitación previo al orgasmo, es corto y no puede controlar el deseo de eyacular. Nuevamente, no hablamos de tiempos, es esa sensación de carencia de control. Porque, claro, puede que haya un hombre que dure –por decir- 8 minutos pero esos mismos son un vía crucis porque en vez de disfrutar está tratando con todo y rezo no terminar, no terminar, y casi nunca consigue esa sensación de plenitud. Porque lo que duró, lo duró sudando. En otros casos, apenas comenzando el coito ya llegó la expulsión eyaculatoria. Ambos padecen EP. ¿Cómo es que sucede esto?
Les explico, lo más simple posible para que no se convierta esto en clase de anatomía. Dentro del cerebro hay una estructura llamada núcleo paragigantocelular (sí suena compleja), que es el regulador de la eyaculación o activador de control. Este núcleo depende de serotonina, un neurotransmisor, o sea una sustancia que permite que las neuronas se comuniquen y se envíen  la orden de ‘controla, aguanta tantito’ o ‘¡ya! Manda la señal para que eyacule este hombre’. La serotonina es la sustancia responsable de que eyaculen. Hasta ahí vamos bien.
Justo dentro del núcleo paragigantocelular (vaya nombre largo) hay receptores y hay tres fundamentales en la eyaculación precoz: el 5HT1A, 5HT1B, 5HT2C (no sé porqué les ponen estos nombres, demonios). Entre las neuronas se envían serotonina y estos receptores van a frenar la liberación de esta sustancia para permitir control. Cuando el 5HT1B se activa, frena la liberación de serotonina y el 5HT2C cuando recibe la cantidad adecuada de serotonina va a mandar la señal de control.
¿Comienzan a confundirse? Es simple, si los receptores no funcionan correctamente las neuronas no podrán comunicarse para que se envíe control a nivel espinal, o sea hacia los genitales. Eso pasa en los eyaculadores precoces, no hay una comunicación adecuada mediada por los receptores. Sobre ellos trabaja la terapia farmacológica.

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